adrián y la flecha verde
ADRIÁN Y LA FLECHA VERDE
Adrián se fue pronto a la
cama, se le había caído un diente, y esa noche tendría la visita del ratoncito
Pérez que, que vendría a traerle algún regalito para dejarlo bajo su almohada,
pero Adrián aunque estaba que se caía de sueño tenía un plan, quería ver al
ratoncito Pérez para pedirle que cada vez que viniera a por uno de sus dientes,
que el regalito fuese un animalito nuevo para su zoo, porque Adrián quería
tener el zoo de juguete más grande del mundo y poder tener millones de
animalitos de juguete, con esa idea y su brillante plan se fue a la cama
temprano y como estaba muy cansado se quedó dormido.
Era ya muy tarde y todo
estaba muy oscuro, se caía de sueño, del cansancio no podía ni abrir los ojos,
pero tenía que ir al baño a hacer pipí o se lo haría encima mojando toda la
cama, fue arrastrándose como pudo caminando lento como un perezoso, ya
satisfecho regresaba a su habitación cuando vio una sombra esconderse bajo su
almohada, los ojos se le abrieron como platos, es el ratoncito Pérez pensó, y
como si fuese un gato saltó hacia su almohada para que no pudiera escapar su
presa, estaba nervioso, muy emocionado, levantó despacio la almohada, y oh,
allí estaba el ratoncito Pérez, un ratón muy pequeño y casi blanco que le
regañaba y le amenazaba con no traerle nada como a los niños malos sino lo
soltaba, a Adrián le costó trabajo poder decirle al ratoncito Pérez lo que
quería, porque había cogido carrerilla y no había modo de que se callara,
cuando por fin guardó silencio y Adrián se pudo explicar el ratoncito Pérez le
contesto con un vale, pero antes le tenía que hacer un favor, y sin pensárselo
Adrián dijo que sí, y antes de lo que canta un gallo, en un periquete, ahora
tenía el tamaño del ratoncito Pérez, que utilizando algún tipo de truco lo
había encogido hasta tener el tamaño de un pequeño roedor.
Lo agarró de la mano y
cruzaron una pequeña puerta azul que había en la pared, Adrián con su pijama de
Sonic no podía creer todo lo que le estaba pasando, su habitación, su cama, sus
cosas, sus juguetes, todo a su alrededor ahora era gigante, seguro que estaba
dormido y que todo era un sueño, pero iba de la mano del ratoncito Pérez y
cuando le soltó y le dijo sube, tenía delante de sus ojos un coche de juguete,
un hotwheels, un Ferrari de color rojo, que en lugar de llevar el logo de un
caballo, llevaba el logo de un ratón con un diente, la súper rata pensó Adrián
riéndose antes de subirse al coche, pero no era un juguete, para su asombro
corría de verdad y el ratoncito Pérez iba muy deprisa como si estuviera
participando contra coches de carreras, así que Adrián, se abrochó el cinturón
de seguridad, como lo hacen papá y mamá cuando los tres suben al coche para ir
a visitar a los titos y a las abuelas.
Por el camino el ratoncito
Pérez le fue contando que un mago malvado había hechizado a todos los
dinosaurios de Dentixcity haciéndolos malos, carnívoros, herbívoros, grandes y
a pequeños, y que tenían encerrados como prisioneros a todos los animales, que
ya solo quedaban libres los ratones de su ciudad y que pronto serían los
siguientes, y que el favor que le pedía era que lo tenía que ayudar a derrotar
al mago malvado, y eso a Adrián ya no le hizo tanta gracia, ojalá pudiera dar
marcha atrás, así estaría tranquilo y dormido plácidamente en la seguridad de
su cama, cuando el coche se detuvo, el ratoncito Pérez estaba llorando, habían
llegado demasiado tarde, Dentixcity estaba medio destruida y ya no quedaba
nadie, habían desaparecido todos sus habitantes y Dentixcity parecía ahora una
ciudad fantasma, pero Adrián abrazo al ratoncito Pérez y le dijo, no llores, yo
te voy ayudar a derrotar a ese mago malo.
Adrián tenía un plan, coger
el Ferrari, era un fiera, un máquina conduciendo autos de choque y conducir el
Ferrari seguro que estaba chupado, como chupar un helado, todos los dinosaurios
correrían detrás tratando de capturarlo, conduciría el Ferrari a toda velocidad
y muy lejos para arrastrar a los dinosaurios, regresar rápido como el viento,
liberar a todos los animales, y así todos juntos poder ganarle al mago malvado,
o asustarlo para que se fuese corriendo y no volviera nunca más, era un plan
perfecto, no podía salir mal.
El ratoncito Pérez le dijo
que lo harían juntos, el Ferrari era cosa suya, que tenía un hotwheels edición
limitada, que solo había uno, y que los ratones de Dentixcity habían construido
solo para Adrián, el Anwaneitor, la flecha verde, el león dorado, era un coche
verde muy bonito con la cabeza de un león dorado adornando el capot del coche,
era un hotwheels raro que no se parecía en nada a los que había visto, pero que
era chulísimo, ponía y tenía escrito Adrián en las puertas, y en el techo y en
el capot en color dorado y gigante el número treinta y tres, tenía un hotwheels
personalizado, nervioso y emocionado Adrián subió al coche, y los dos, Ferrari
rojo y flecha verde se marcharon a todo gas a derrotar al mago malvado.
Tal y como tenía planeado
Adrián, los dinosaurios de ojos rojos y mirada perdida, parecen robots y los
persiguen a los dos tratando de capturarlos, pero los coches corren muy
deprisa, vuela sobre el asfalto la flecha verde, el león dorado, Adrián había
conseguido su primer objetivo separar a los dinosaurios del mago malvado y
llevarlos muy lejos, ahora con el Anwaneitor a máxima potencia había regresado
más rápido que la velocidad de la luz para poder liberar a todos los animales,
pero el mago malvado le estaba esperando, dos guerreros del caos y un Fimir en
compañía de dos orcos habían conseguido atrapar al ratoncito Pérez, y el mago
malvado amenazaba con hacerle daño si Adrián no se rendía, a los dinosaurios
les dio tiempo a regresar, todo parecía estar perdido, todo lo que podía salir
mal había salido mal, Adrián no sabía lo que hacer, así que a Adrián solo se le ocurrió hacer una cosa,
encendió la radio del león dorado, puso su canción favorita a todo volumen, y
se puso a bailar y a cantar como su personaje favorito de la k-pop, los Say
Boys la banda demoniaca Mystery Saja, todos se quedaron perplejos mirando lo
bien que cantaba y lo bien que bailaba Adrián, entonces pasó algo sorprendente,
todos los animales que estaban prisioneros se pusieron a cantar y a bailar y se
movían igual que Adrián, el mago malvado no comprendía nada, pero aquella
alegría, aquella música rompió el hechizo que el mago les hizo a los
dinosaurios, y dejaron de tener los ojos rojos, de ser malos y de moverse como
robots, y también se pusieron a cantar y a bailar y se movían igual que Adrián,
todos hacían los pasos prohibidos y calcaban la coreografía, el mago malvado
había perdido su poder, los dos guerreros del caos, el fimir y los dos orcos
soltaron al ratoncito Pérez y empezaron a correr antes de que se acabase
aquella música mágica y los dinosaurios enfadados los pudieran atrapar y
vengarse, la música se acabó, Adrián y todos, dejaron de cantar y bailar, todos
se quedaron mirando fijamente y en silencio al mago malvado que ya no tenía
escapatoria, pues estaba rodeado por los dinosaurios con más dientes y los que
estaban más enfadados, como castigo por su mal comportamiento el mago malvado
tenía que reconstruir todo lo que se había roto, empezando por los edificios de
Dentixcity y por tonto iba a tener mucho, mucho trabajo, y no se podría escapar
porque los velociraptores estaban muy pendientes y muy vigilantes a todos sus
movimientos, la misión de Adrián había salido bien, le había ganado al mago
malvado y ya podría volver a casa cuando los animales que estaban muy contentos
y felices le dejasen en paz, porque lo llevaban a hombros por las calles, los
habitantes de Dentixcity y sus visitantes no dejaban de cantar, de bailar, de
lanzar cientos de papelillos de colores a su paso, se había montado en nada de
tiempo una fiesta colosal, todos querían tocar al héroe que los había salvado,
en el cielo explotaban cohetes y fuegos artificiales de todos los colores a
cientos, a Adrián no le gusta el ruido, ni el escándalo, quería regresar a
casa, a su habitación, a su cama, a su vida, estaba muy cansado y se le
empezaban a cerrar los ojos porque se caía de sueño.
Una luz blanca llenaba de
claridad su habitación, se había quedado dormido, estaba en su cama y volvía a
ser igual de grande que siempre, ya no tenía el tamaño del ratoncito Pérez,
pegó un salto felino y se fue corriendo al salón para contarle a papá y a mamá
lo que le había pasado por la noche, pero no le creyeron ni una sola palabra,
le dijeron que se fue a dormir a la cama tan excitado que había tenido un
sueño, papá pensaba que tenía que dedicarle menos tiempo a los videojuegos, que
le producía pesadillas y no le dejaban dormir bien, mamá le preguntaba, ¿qué te
ha traído el ratoncito Pérez dormilón?, se había olvidado por completo, tenía
tantas ganas de contar su sueño que se le había olvidado mirar debajo de su
almohada, se fue corriendo a su habitación, levantó con prisas la almohada, y
encontró un coche verde, un hotwheels de edición limitada, llevaba una cabeza
de león adornando el capó, tenía escrito Adrián en las puertas, y en el techo y
en el capot de color dorado y en números bien grandes, el número treinta y
tres, y al lado junto al coche un animal para su zoo tal y como había acordado
con el ratoncito Pérez, le había dejado un pequeño mapachito, no había sido un
sueño, no ha sido un sueño, Adrián cogió los regalos y se fue corriendo al
salón, sus pequeños pies volaban por el pasillo de la casa, hablaba muy deprisa
y casi no se le entendía, quería contar muchas cosas en poco tiempo y las
palabras se agolpaban en su boca, balbuceaba, Anwaneitor, la flecha verde, el
león dorado, pero seguían sin creerlo, que todo era producto de su imaginación,
que no insistiera más, que había sido un sueño, has tenido que ser un niño muy
bueno campeón, dos regalos anda, un mapache para tu zoo y un coche verde muy
bonito, un hotwheels edición limitada y personalizado, pero era Domingo y no
quería estar triste, había conocido al ratoncito Pérez, no había sido un sueño,
había vivido una aventura, y se fue feliz y corriendo a la alfombra del salón a
montar el zoo y a jugar con sus animales de juguete.
Adrián se fue a jugar con sus
juguetes, y mamá observaba aquel coche verde, el Anwaneitor, la flecha verde,
el león dorado, estaba pensativa, fue a la pared donde estaba la pequeña puerta
azul, era de papel, un adorno, allí no había ningún agujero, pero se quedó
pensativa, se marchó a su habitación, en el gran armario blanco de la
habitación de matrimonio, en uno de sus cajones guardaba una cajita con sus
tesoros, la abrió, sus finos dedos rebuscaban en aquel pequeño caos, hasta que
lo vio, encontró lo que buscaba, un pequeño coche, un bandido de color rosa con
una línea ancha y blanca que dividía el coche en dos, el Cruzmayray, la flecha
rosa, el león blanco, llevaba en el capó, en las puertas y en el techo, una
cruz de mayo muy bonita y adornando el capó del bandido la cabeza de un león
blanco, una sonrisa se dibujaba en sus labios, por aquella aventura ya no le
gustaban las ratas y los ratones, cerró su cajita de los tesoros, la guardó con
cuidado en el cajón del armario, y cerrando la puerta de la habitación con los
ojos emocionados, susurró en voz alta, no puede ser, maldito roedores.
Antonio cintas anguas


0 Comments:
Post a Comment
Subscribe to Post Comments [Atom]
<< Home