Saturday, October 31, 2026

adrián y la flecha verde

 


ADRIÁN Y LA FLECHA VERDE

 

 

Adrián se fue pronto a la cama, se le había caído un diente, y esa noche tendría la visita del ratoncito Pérez que, que vendría a traerle algún regalito para dejarlo bajo su almohada, pero Adrián aunque estaba que se caía de sueño tenía un plan, quería ver al ratoncito Pérez para pedirle que cada vez que viniera a por uno de sus dientes, que el regalito fuese un animalito nuevo para su zoo, porque Adrián quería tener el zoo de juguete más grande del mundo y poder tener millones de animalitos de juguete, con esa idea y su brillante plan se fue a la cama temprano y como estaba muy cansado se quedó dormido.

 

Era ya muy tarde y todo estaba muy oscuro, se caía de sueño, del cansancio no podía ni abrir los ojos, pero tenía que ir al baño a hacer pipí o se lo haría encima mojando toda la cama, fue arrastrándose como pudo caminando lento como un perezoso, ya satisfecho regresaba a su habitación cuando vio una sombra esconderse bajo su almohada, los ojos se le abrieron como platos, es el ratoncito Pérez pensó, y como si fuese un gato saltó hacia su almohada para que no pudiera escapar su presa, estaba nervioso, muy emocionado, levantó despacio la almohada, y oh, allí estaba el ratoncito Pérez, un ratón muy pequeño y casi blanco que le regañaba y le amenazaba con no traerle nada como a los niños malos sino lo soltaba, a Adrián le costó trabajo poder decirle al ratoncito Pérez lo que quería, porque había cogido carrerilla y no había modo de que se callara, cuando por fin guardó silencio y Adrián se pudo explicar el ratoncito Pérez le contesto con un vale, pero antes le tenía que hacer un favor, y sin pensárselo Adrián dijo que sí, y antes de lo que canta un gallo, en un periquete, ahora tenía el tamaño del ratoncito Pérez, que utilizando algún tipo de truco lo había encogido hasta tener el tamaño de un pequeño roedor.

 

Lo agarró de la mano y cruzaron una pequeña puerta azul que había en la pared, Adrián con su pijama de Sonic no podía creer todo lo que le estaba pasando, su habitación, su cama, sus cosas, sus juguetes, todo a su alrededor ahora era gigante, seguro que estaba dormido y que todo era un sueño, pero iba de la mano del ratoncito Pérez y cuando le soltó y le dijo sube, tenía delante de sus ojos un coche de juguete, un hotwheels, un Ferrari de color rojo, que en lugar de llevar el logo de un caballo, llevaba el logo de un ratón con un diente, la súper rata pensó Adrián riéndose antes de subirse al coche, pero no era un juguete, para su asombro corría de verdad y el ratoncito Pérez iba muy deprisa como si estuviera participando contra coches de carreras, así que Adrián, se abrochó el cinturón de seguridad, como lo hacen papá y mamá cuando los tres suben al coche para ir a visitar a los titos y a las abuelas.

Por el camino el ratoncito Pérez le fue contando que un mago malvado había hechizado a todos los dinosaurios de Dentixcity haciéndolos malos, carnívoros, herbívoros, grandes y a pequeños, y que tenían encerrados como prisioneros a todos los animales, que ya solo quedaban libres los ratones de su ciudad y que pronto serían los siguientes, y que el favor que le pedía era que lo tenía que ayudar a derrotar al mago malvado, y eso a Adrián ya no le hizo tanta gracia, ojalá pudiera dar marcha atrás, así estaría tranquilo y dormido plácidamente en la seguridad de su cama, cuando el coche se detuvo, el ratoncito Pérez estaba llorando, habían llegado demasiado tarde, Dentixcity estaba medio destruida y ya no quedaba nadie, habían desaparecido todos sus habitantes y Dentixcity parecía ahora una ciudad fantasma, pero Adrián abrazo al ratoncito Pérez y le dijo, no llores, yo te voy ayudar a derrotar a ese mago malo.

 

Adrián tenía un plan, coger el Ferrari, era un fiera, un máquina conduciendo autos de choque y conducir el Ferrari seguro que estaba chupado, como chupar un helado, todos los dinosaurios correrían detrás tratando de capturarlo, conduciría el Ferrari a toda velocidad y muy lejos para arrastrar a los dinosaurios, regresar rápido como el viento, liberar a todos los animales, y así todos juntos poder ganarle al mago malvado, o asustarlo para que se fuese corriendo y no volviera nunca más, era un plan perfecto, no podía salir mal.

El ratoncito Pérez le dijo que lo harían juntos, el Ferrari era cosa suya, que tenía un hotwheels edición limitada, que solo había uno, y que los ratones de Dentixcity habían construido solo para Adrián, el Anwaneitor, la flecha verde, el león dorado, era un coche verde muy bonito con la cabeza de un león dorado adornando el capot del coche, era un hotwheels raro que no se parecía en nada a los que había visto, pero que era chulísimo, ponía y tenía escrito Adrián en las puertas, y en el techo y en el capot en color dorado y gigante el número treinta y tres, tenía un hotwheels personalizado, nervioso y emocionado Adrián subió al coche, y los dos, Ferrari rojo y flecha verde se marcharon a todo gas a derrotar al mago malvado.

 

Tal y como tenía planeado Adrián, los dinosaurios de ojos rojos y mirada perdida, parecen robots y los persiguen a los dos tratando de capturarlos, pero los coches corren muy deprisa, vuela sobre el asfalto la flecha verde, el león dorado, Adrián había conseguido su primer objetivo separar a los dinosaurios del mago malvado y llevarlos muy lejos, ahora con el Anwaneitor a máxima potencia había regresado más rápido que la velocidad de la luz para poder liberar a todos los animales, pero el mago malvado le estaba esperando, dos guerreros del caos y un Fimir en compañía de dos orcos habían conseguido atrapar al ratoncito Pérez, y el mago malvado amenazaba con hacerle daño si Adrián no se rendía, a los dinosaurios les dio tiempo a regresar, todo parecía estar perdido, todo lo que podía salir mal había salido mal, Adrián no sabía lo que hacer, así que a  Adrián solo se le ocurrió hacer una cosa, encendió la radio del león dorado, puso su canción favorita a todo volumen, y se puso a bailar y a cantar como su personaje favorito de la k-pop, los Say Boys la banda demoniaca Mystery Saja, todos se quedaron perplejos mirando lo bien que cantaba y lo bien que bailaba Adrián, entonces pasó algo sorprendente, todos los animales que estaban prisioneros se pusieron a cantar y a bailar y se movían igual que Adrián, el mago malvado no comprendía nada, pero aquella alegría, aquella música rompió el hechizo que el mago les hizo a los dinosaurios, y dejaron de tener los ojos rojos, de ser malos y de moverse como robots, y también se pusieron a cantar y a bailar y se movían igual que Adrián, todos hacían los pasos prohibidos y calcaban la coreografía, el mago malvado había perdido su poder, los dos guerreros del caos, el fimir y los dos orcos soltaron al ratoncito Pérez y empezaron a correr antes de que se acabase aquella música mágica y los dinosaurios enfadados los pudieran atrapar y vengarse, la música se acabó, Adrián y todos, dejaron de cantar y bailar, todos se quedaron mirando fijamente y en silencio al mago malvado que ya no tenía escapatoria, pues estaba rodeado por los dinosaurios con más dientes y los que estaban más enfadados, como castigo por su mal comportamiento el mago malvado tenía que reconstruir todo lo que se había roto, empezando por los edificios de Dentixcity y por tonto iba a tener mucho, mucho trabajo, y no se podría escapar porque los velociraptores estaban muy pendientes y muy vigilantes a todos sus movimientos, la misión de Adrián había salido bien, le había ganado al mago malvado y ya podría volver a casa cuando los animales que estaban muy contentos y felices le dejasen en paz, porque lo llevaban a hombros por las calles, los habitantes de Dentixcity y sus visitantes no dejaban de cantar, de bailar, de lanzar cientos de papelillos de colores a su paso, se había montado en nada de tiempo una fiesta colosal, todos querían tocar al héroe que los había salvado, en el cielo explotaban cohetes y fuegos artificiales de todos los colores a cientos, a Adrián no le gusta el ruido, ni el escándalo, quería regresar a casa, a su habitación, a su cama, a su vida, estaba muy cansado y se le empezaban a cerrar los ojos porque se caía de sueño.

 

Una luz blanca llenaba de claridad su habitación, se había quedado dormido, estaba en su cama y volvía a ser igual de grande que siempre, ya no tenía el tamaño del ratoncito Pérez, pegó un salto felino y se fue corriendo al salón para contarle a papá y a mamá lo que le había pasado por la noche, pero no le creyeron ni una sola palabra, le dijeron que se fue a dormir a la cama tan excitado que había tenido un sueño, papá pensaba que tenía que dedicarle menos tiempo a los videojuegos, que le producía pesadillas y no le dejaban dormir bien, mamá le preguntaba, ¿qué te ha traído el ratoncito Pérez dormilón?, se había olvidado por completo, tenía tantas ganas de contar su sueño que se le había olvidado mirar debajo de su almohada, se fue corriendo a su habitación, levantó con prisas la almohada, y encontró un coche verde, un hotwheels de edición limitada, llevaba una cabeza de león adornando el capó, tenía escrito Adrián en las puertas, y en el techo y en el capot de color dorado y en números bien grandes, el número treinta y tres, y al lado junto al coche un animal para su zoo tal y como había acordado con el ratoncito Pérez, le había dejado un pequeño mapachito, no había sido un sueño, no ha sido un sueño, Adrián cogió los regalos y se fue corriendo al salón, sus pequeños pies volaban por el pasillo de la casa, hablaba muy deprisa y casi no se le entendía, quería contar muchas cosas en poco tiempo y las palabras se agolpaban en su boca, balbuceaba, Anwaneitor, la flecha verde, el león dorado, pero seguían sin creerlo, que todo era producto de su imaginación, que no insistiera más, que había sido un sueño, has tenido que ser un niño muy bueno campeón, dos regalos anda, un mapache para tu zoo y un coche verde muy bonito, un hotwheels edición limitada y personalizado, pero era Domingo y no quería estar triste, había conocido al ratoncito Pérez, no había sido un sueño, había vivido una aventura, y se fue feliz y corriendo a la alfombra del salón a montar el zoo y a jugar con sus animales de juguete.

 

Adrián se fue a jugar con sus juguetes, y mamá observaba aquel coche verde, el Anwaneitor, la flecha verde, el león dorado, estaba pensativa, fue a la pared donde estaba la pequeña puerta azul, era de papel, un adorno, allí no había ningún agujero, pero se quedó pensativa, se marchó a su habitación, en el gran armario blanco de la habitación de matrimonio, en uno de sus cajones guardaba una cajita con sus tesoros, la abrió, sus finos dedos rebuscaban en aquel pequeño caos, hasta que lo vio, encontró lo que buscaba, un pequeño coche, un bandido de color rosa con una línea ancha y blanca que dividía el coche en dos, el Cruzmayray, la flecha rosa, el león blanco, llevaba en el capó, en las puertas y en el techo, una cruz de mayo muy bonita y adornando el capó del bandido la cabeza de un león blanco, una sonrisa se dibujaba en sus labios, por aquella aventura ya no le gustaban las ratas y los ratones, cerró su cajita de los tesoros, la guardó con cuidado en el cajón del armario, y cerrando la puerta de la habitación con los ojos emocionados, susurró en voz alta, no puede ser, maldito roedores.

 

 

 

 

Antonio cintas anguas

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