chiribitas de oro
CHIRIBITAS DE ORO
Bajo un intenso fuego el gran
imperio que durante siglos fue el amo y señor del Mundo poco a poco desaparece,
se cae a pedazos por la corrupción de sus políticos y de sus reyes dejando
abandonado a súbditos y soldados a su suerte, no me atraparán vivo, no pienso
vivir lo que me queda de vida preso en una cárcel de la mala muerte, ni vivir
ni soportar torturas, o que me ejecuten de mala manera para que se divierta la
gente, no hay lugar para la rendición en mi cabeza, haré mío lo que cantaban
los tercios, solo tras la muerte capitularemos. Un ejército ingente se nos
viene encima, es una derrota segura en esta última guarnición que queda
olvidada para ser destruida, son miles contra unos pocos, miro a mi izquierda
como una bola de cañón ha atravesado el pecho de un coracero, no me da tiempo
volver la vista al frente cuando una gran explosión me alcanza y me hace ver de
repente todo negro y como me atrapa un gran silencio.
Todo está oscuro, la boca me
sabe a sangre y me duelen todos los huesos y los músculos de mi enfermo cuerpo,
en el silencio se oye el goteo incesante de una gota que cae sobre las rocas o
sobre un pequeño charco, y en mi desconcierto no sé si estoy vivo o si estoy
muerto, si estoy en el cielo o si estoy purgando todos mis pecados en el infierno,
hasta que poco a poco me voy recuperando y voy abriendo los ojos, alguien me
acompaña pero aun veo borroso hasta que por fin ya puedo ver con claridad y
tomar conciencia, debo de estar muerto, aquella explosión me hizo pedazos
durante la batalla y estoy en el cielo porque me está mirando y me está
sonriendo un hermoso ángel.
Un ángel hermoso de grandes
mejillas, cachetona como un bebé, una mujer preciosa de ojos marrones y
profundos que me miran misteriosos y como en esa mirada brillan chiribitas de
oro, con una blusa blanca que guarda su cuerpo y su piel de aroma a rosas
bañadas en el agua de rocío de una fresca mañana, con el cabello oscuro y dos
coletas o trenzas adornadas por flores blancas y rojas y una sonrisa tan bonita
que podría devolverle la vida a un muerto, como una valquiria ha llegado para
llevarse mi alma, me acarician sus suaves y cálidas manos, me besa con sus
labios rojos, estoy escondido en una cueva recuperándome de mis heridas de
guerra, ese ser mágico me cuida, me ama, y lo hará hasta el día en el que
muera, muchos reyes se llevaron el oro de esta tierra a manos llenas, pero soy
yo, un pobre quien se ha quedado con la mayor de las riquezas, el mayor de los
tesoros, el corazón lleno de amor de una valerosa guerrera.
Antonio cintas anguas


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